Un hombre Libre
nunca toma decisiones por su cuenta

El Juglar Perdido

LA VERDADERA Y LA FALSA LIBERTAD
 
 

LA VERDADERA Y LA FALSA LIBERTAD
(Primera parte)

La Libertad no es poder elegir entre una pepsicola  o una cocacola.  La Libertad radica en el reconocimiento de que no tienes necesidad de ninguna de ellas para Ser, pues, realmente, no tienes necesidades de ninguna clase.

Sólo tú te privas a ti mismo. El consumismo es tratar de solventar externamente un problema cuyo origen siempre es interno. De hecho, esta es  la raíz de toda adicción: Alcanzar un efecto duradero mediante la dependencia de lo perecedero. El propósito de toda adicción es la experiencia de una ilusoria plenitud que secuestre temporalmente de tu conciencia el reconocimiento del problema,  requisito indispensable para que pueda ser resuelto.

¿Es una contradicción que un adicto defienda su libertad? Por supuesto que no. Él ha elegido libremente el estado en el que cree encontrarse, y lo defiende ignorando que también ha elegido las leyes que gobiernan dicho estado. De hecho, olvidar algo tan fundamental es un aspecto esencial en la aplicación de tales leyes.

La adicción es un mecanismo de defensa. Su propósito es defender tu concepto de libertad. En dicho concepto, como en todo concepto, la responsabilidad de tu vida o salvación depende de todo y de todos menos de ti mismo. En ese punto da igual responsabilizar de tu conducta inapropiada al alcohol, drogas, pareja, propio cuerpo o gobierno de turno.

La adicción establece como autoridad el objeto de deseo justo en el momento que tú  estableces que tal objeto es el autor de lo que sientes. Pero, más allá del objeto, simplemente, siempre estás sintiendo lo que deseas. De no ser así, no podrías cambiar lo que sientes.

La adicción, entonces, es establecer que tú no gobiernas, sin embargo, ¿no eres tú quien elige a tus gobernantes? ¿Podemos elegir un gobernante y no ser responsables de las decisiones que tome?

Toda adicción esconde la necesidad de ser gobernados. El propósito es muy simple: desentendernos de las consecuencias de nuestras decisiones equivocadas. Sin embargo, los gobernantes de turno sólo nos pueden devolver lo que les hemos ofrecido, ni más ni menos. Pues, en definitiva, seguimos siendo los verdaderos gestores de nuestras vidas.

Experimentas lo que ofreces, e inevitablemente verás reflejado en tus gobernantes la manera como tú gobiernas tu vida. No sólo gobiernas tu vida sino que sólo tú puedes hacerlo. Tu problema con la autoridad es un signo de tu resistencia a aceptar este hecho.

Mientras no asumas la responsabilidad total, completa y absoluta de todo lo que ves, tus reacciones hacia la autoridad son las reacciones del que no sabe lo que hace. Pretender sustituir un gobernante por otro sólo refleja tu inconformismo con respecto a cómo te sientes y que todavía no estás dispuesto a trascender el estado en el que crees encontrarte.